Un investigador de seguridad adquirió el dominio noreply.net y comenzó a recibir de forma no intencionada correos electrónicos con información sensible procedentes de múltiples empresas que, por error, lo utilizaban como remitente en sus notificaciones automatizadas. El caso, recogido por Ars Technica, ilustra un fallo recurrente: compañías que configuran direcciones del tipo noreply@sudominio.com sin llegar a registrar ese subdominio, de modo que cualquier tercero que lo compre hereda el tráfico dirigido a esa cuenta.
El episodio pone de relieve el riesgo de depender de direcciones noreply como canal unidireccional sin validar antes la propiedad del dominio emisor, y reabre el debate sobre buenas prácticas en la gestión de identidades de correo corporativo y sobre la responsabilidad de los departamentos de seguridad informática ante fugas de datos aparentemente triviales. Hasta el momento no se ha hecho público un censo completo de remitentes afectados, pero el incidente ya se cita como ejemplo en auditorías de higiene de dominios.
