La organización sin ánimo de lucro Chayn, dedicada a la violencia de género, sostiene que la definición de "abuso mediante imágenes" no puede limitarse a la difusión de desnudos o contenidos sexuales explícitos sin consentimiento, ya que casi cualquier fotografía puede convertirse en un arma contra millones de mujeres en el mundo. En un informe basado en entrevistas con decenas de mujeres de origen pakistaní —tanto en el país como en la diáspora—, Chayn documenta que fotos en apariencia inofensivas, como un selfie cualquiera o una imagen junto a un compañero de clase, pueden provocar matrimonios forzados, pérdida de empleo, violencia o incluso el asesinato de la afectada, con repercusiones sobre toda la familia.
A partir de los testimonios, la organización reclama a las tecnológicas que sólo permitan publicar imágenes tras confirmar el consentimiento de todas las personas identificables, que ofrezcan herramientas para difuminar rostros, que bloqueen las fotos denunciadas hasta esclarecer el caso y que los equipos de moderación estén formados en los contextos culturales pertinentes. También pide a los legisladores que incorporen la exigencia de consentimiento a sus marcos normativos, citando a Dinamarca y Francia como referencia. El informe subraya que la intención del autor y el daño causado, más que el contenido explícito, deben ser criterios centrales, y recuerda que la difusión de una imagen por un WhatsApp sin reflexión puede tener las mismas consecuencias devastadoras que una difusión malintencionada.
