Un texto en clave de humor, escrito en primera persona por un imaginario guía turístico egipcio, satiriza la persistencia de las teorías que atribuyen la construcción de las pirámides a civilizaciones extraterrestres. Bajo el formato de un diario, el narrador acumula anécdotas con visitantes que, ante las pruebas de ingeniería, organización laboral y matemáticas de los antiguos egipcios, prefieren la explicación de "los visitantes de las estrellas". El escrito ridiculiza esa tendencia contraponiéndola con los avances reales de la civilización: si los alienígenas dominaran la tecnología cósmica, ironiza, habrían inventado antes el aire acondicionado o sillas con soporte lumbar que pirámides. También cuestiona por qué se menosprecia la capacidad humana de planificación, documentada en registros de trabajo, rampas, poleas y planificación arquitectónica, en favor de narrativas que, en su opinión, resultan emocionalmente más reconfortantes que reconocer el esfuerzo colectivo. La pieza es un comentario cultural, sin pretensión informativa sobre arqueología, y emplea la voz cansada de un "guía profesional de desmentidos" para denunciar el desconocimiento sobre las técnicas constructivas del antiguo Egipto.
