Un guion bajo omitido en un nombre de usuario inspirado en el videojuego Skyrim envió a un hombre inocente a prisión durante 18 meses. Brandon Klayme, un residente de Nueva Escocia, Canadá, fue arrestado en 2020, condenado en 2023 y sentenciado en 2024 por cargos de abuso sexual infantil que nunca cometió. El Tribunal de Apelación de Nueva Escocia anuló su condena el jueves pasado, declarándolo "factualmente inocente" de los delitos que se le imputaban.
El caso se originó en 2018, cuando una niña de 12 años de Madison, Wisconsin, mantuvo comunicaciones con un adulto a través de la aplicación de mensajería Kik entre agosto y diciembre de ese año. La madre de la menor encontró una fotografía "inapropiada" en el teléfono de su hija y contactó al Departamento del Sheriff del Condado de Dane. Un adjunto realizó un análisis forense del dispositivo que identificó 125 mensajes de Kik entre la niña y un usuario con el nombre "fus__ro_dah", con doble guion bajo después de "fus" —una referencia al icónico grito de dragón "Unrelenting Force" del videojuego The Elder Scrolls V: Skyrim.
Sin embargo, cuando la policía solicitó información a Kik sobre ese usuario, la citación judicial contenía un error tipográfico: omitía un guion bajo, pidiendo datos de "fus_ro_dah" en lugar de "fus__ro_dah". Kik respondió proporcionando la dirección de correo electrónico asociada a la cuenta de Klayme, cuyo nombre de usuario difería por un solo carácter. Los registros de Google vincularon ese correo electrónico a una dirección IP en Canadá, lo que llevó a los investigadores del Condado de Dane a transferir el caso a la Policía Regional de Halifax.
La policía de Halifax obtuvo entonces una orden de registro para el domicilio de Klayme y confiscó teléfonos y computadoras portátiles de su dormitorio. El resultado fue contundente: no se encontró ninguna evidencia que lo vinculara con la niña ni con el delito. No se hallaron imágenes íntimas, y aunque Klayme tenía una cuenta de Kik, los investigadores ni siquiera pudieron demostrar que hubiera accedido al servicio durante el período en cuestión. A pesar de la ausencia total de pruebas, fue arrestado y acusado de tres cargos: atraer a una persona menor de 14 años mediante telecomunicación, proporcionar material sexualmente explícito a un menor y posesión de pornografía infantil.
El caso llegó a juicio y Klayme fue declarado culpable. Cumplió la totalidad de su condena de 18 meses en prisión, además de enfrentar libertad condicional. Según el testimonio del propio Klayme, recogido por Wired, el error fue descubierto "en las últimas etapas de la preparación de los argumentos de apelación". "El subpoena contenía un error sutil que cambió el curso de mi vida", declaró. "La discrepancia pasó completamente desapercibida durante el juicio. Nunca se llevó a la atención del juez del tribunal".
Tras ser señalado el error, los fiscales revisaron el caso y reconocieron que la apelación debía prosperar. De haber sido investigado correctamente, el tribunal señaló que las pruebas "habrían identificado a una persona cuyo nombre de pila es Jay, cuya dirección IP parece estar en California" —es decir, el verdadero sospechoso, residente en Estados Unidos, nunca fue identificado debido al fallo en la citación.
Este caso plantea interrogantes profundas sobre los procedimientos de investigación policial y el sistema de justicia penal. ¿Cómo pudo un error tan básico pasar desapercibido durante años, incluso por el equipo defensor? El propio tribunal reconoce que "no hay evidencia que confirme o explique cómo pasó desapercibido". La facilidad con la que una vida puede ser destruida por un solo carácter omitido en un documento legal subraya la necesidad de protocolos más rigurosos en la verificación de evidencias digitales, especialmente cuando se trata de acusaciones graves que involucran a menores.
La anulación de la condena de Klayme llega demasiado tarde para devolverle los 18 meses que pasó tras las rejas por un crimen que no cometió. Su caso se suma a una creciente lista de condenas erróneas derivadas de errores forenses digitales, en una era donde la tecnología facilita tanto la identificación precisa de sospechosos como la comisión de errores devastadores.
