El geólogo australiano Arthur Hickman identificó en 2007 un cráter de impacto de 260 metros de diámetro en la región de Pilbara, Australia Occidental, mientras exploraba el terreno con Google Earth. La anomalía, inicialmente atribuida a un fenómeno volcánico, fue confirmada como un impacto extraterrestre tras un análisis detallado por el equipo de Andrew Glikson de la Universidad Nacional de Australia. En 2012, una perforación vertical de 64,7 metros reveló que la estructura original alcanzó una profundidad de 80 metros, con sedimentos acumulados tras el choque y roca fracturada a gran profundidad. El análisis geoquímico del material extraído mostró proporciones de platino y níquel consistentes con un meteorito de hierro de aproximadamente diez metros de diámetro. Los científicos estiman que el impacto ocurrió entre hace 10.000 y 100.000 años, durante el Pleistoceno tardío, lo que lo convierte en una estructura geológica extremadamente joven en comparación con otros cráteres australianos de miles de millones de años. Este hallazgo ilustra la evolución de las herramientas de exploración planetaria, donde la detección inicial por satélite se complementa con trabajo de campo y geoquímica para validar la hipótesis científica.
