Un fósil australiano revela la primera prueba de que un ictiosaurio devoró un pterosaurio

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Un fósil descubierto en Queensland, Australia, documenta por primera vez que un ictiosaurio incluyó a un pterosaurio en su dieta. El ejemplar, bautizado B.O.B. (Bag of Bones), corresponde a la especie Platypterygius australis, medía entre seis y siete metros y conserva en su cavidad corporal fragmentos de la mandíbula del reptil volador, además de restos de peces y cefalópodos. El hallazgo, publicado en julio en la revista Gondwana Research, fue localizado en 2019 por buscadores aficionados cerca de Richmond y preparado durante más de 600 horas por el personal del museo Kronosaurus Korner.

La investigación, liderada por Matt White, investigador asociado de la Universidad de Nueva Inglaterra, recurrió a tomografía por neutrones de la Organización Australiana de Ciencia y Tecnología Nuclear para examinar rocas esféricas situadas junto al cráneo sin destruirlas. Las imágenes revelaron huesos ocultos vinculados al aparato digestivo. Los autores señalan que el ictiosaurio murió en la columna de agua —posiblemente atacado por un Kronosaurus queenslandicus, un pliosaurio de hasta diez metros—, descendió con los tejidos aún unidos y golpeó el lecho marino con el hocico, lo que desplazó el contenido gástrico hacia la cabeza.

La escena ocurrió hace unos 100 millones de años en el mar de Eromanga, una masa de agua somera que cubría cerca de un tercio del continente australiano. Expertos como el paleobiólogo David Unwin, de la Universidad de Leicester, sugieren que los ictiosaurios actuaban como supercarroñeros, sin desdeñar animales muertos o en descomposición. Las próximas excavaciones en la zona y el perfeccionamiento de las técnicas de imagen prometen ampliar el registro fósil de estas cadenas tróficas.