Un físico británico del University College de Londres (UCL), el Dr. Henry Legg, ha publicado en la revista Nature un nuevo artículo en el que cuestiona los avances cuánticos anunciados por Microsoft, reavivando un debate que arrastra más de dos décadas en la comunidad científica.
Legg, crítico desde hace tiempo de la línea de investigación de Microsoft, sostiene que la herramienta de software utilizada por la empresa para verificar sus resultados contiene errores de código y carece de la precisión necesaria. Además, argumenta que Microsoft no ha demostrado su afirmación central: haber logrado crear el cuasipartícula teórica conocida como fermión de Majorana, una entidad descrita por primera vez hace casi noventa años y que constituye la base de toda la estrategia cuántica de la compañía.
Para ilustrar sus dudas, el físico británico recurrió a una metáfora elocuente: "El año pasado Microsoft afirmó haber construido el equivalente a un reloj de precisión suizo. Sin embargo, cuando abrí la caja para examinar el mecanismo, encontré lo que parecía un revoltijo caótico de piezas mal ensambladas. Algo hacía ruido, pero no parecía el avance que Microsoft había reclamado".
La respuesta de Microsoft no se ha hecho esperar. El Dr. Chetan Nayak, Technical Fellow y vicepresidente corporativo de Quantum Hardware, defendió la validez del trabajo: "Al final del día, el éxito es la entrega de un ordenador cuántico escalable. El escepticismo y el rigor son marcas del proceso científico, que apreciamos y hemos impulsado desde varios académicos. Hemos participado en el diálogo y nuestra refutación exhaustiva fue aceptada y publicada por Nature". En esa réplica, la empresa asegura que el software criticado por Legg no "interpreta" las mediciones que respaldan sus conclusiones.
Otro punto de fricción es la transparencia. Legg acusó a Microsoft de no compartir suficientes datos para que otros científicos pudieran escrutinar la investigación, un procedimiento habitual en ciencia para validar o descartar resultados. Microsoft respondió que está compartiendo toda su información con la agencia de defensa estadounidense DARPA para una arbitraje independiente, aunque afirma que parte de los datos son demasiado sensibles comercialmente para publicarlos en abierto.
No es la primera vez que el gigante tecnológico enfrenta dudas sobre su investigación cuántica. En 2021 se retractó un artículo de un laboratorio respaldado por Microsoft que afirmaba haber encontrado evidencia del cuasipartícula de Majorana. Más recientemente, en 2025, los editores de Nature añadieron una nota al artículo en el que Microsoft afirmaba haber creado el propio cuasipartícula, señalando: "Los resultados de este manuscrito no representan evidencia de la presencia de modos cero de Majorana en los dispositivos reportados".
El contexto ayuda a entender la magnitud del desafío. La computación cuántica es ya una industria de varios miles de millones de dólares, pese a que solo existen dispositivos muy limitados. Las máquinas actuales comienzan a cometer errores ante la mínima interferencia, ya sea una pequeña vibración o un cambio de temperatura. Microsoft, que lleva más de veinte años apostando por un enfoque basado en una teoría física de los años treinta y en un estado de la materia que no es líquido, sólido ni gas, defiende que su vía sigue siendo la mejor. La propia compañía anunció una segunda generación de su chip Majorana, que asegura es mil veces más fiable que la anterior.
Por ahora, el pulso entre Legg y Microsoft deja a la comunidad científica en una situación incómoda: las afirmaciones más ambiciosas de la compañía siguen sin ser verificadas de forma independiente, mientras la empresa insiste en que solo el éxito final —la entrega de un ordenador cuántico escalable— podrá dirimir la controversia.
