La Universidad de Wisconsin-Madison detectó en mayo de 2003 un flujo masivo de tráfico entrante dirigido a uno de sus servidores públicos del Protocolo de Tiempo de Red (NTP). El volumen de datos alcanzó cientos de miles de paquetes por segundo y cientos de megabits por segundo, lo que inicialmente fue interpretado como un ataque de denegación de servicio distribuido (DDoS).
Tras una investigación técnica, la institución determinó que el origen no era malicioso, sino un fallo grave de diseño en cientos de miles de routers residenciales de bajo coste fabricados por Netgear. Estos dispositivos implementaban un cliente SNTP defectuoso que generaba solicitudes constantes y anómalas, todas utilizando el puerto de origen 23457. La universidad coordinó la resolución del problema con el fabricante y la comunidad de estándares de Internet para mitigar el impacto operativo y fomentar la actualización del firmware de los productos afectados.
