Un estudio plantea que el deterioro de la capa de ozono ya era detectable antes del uso masivo de los CFC

Fuentes: Ozone loss was a thing even before CFCs were widely used

Un equipo del MIT, encabezado por Jian Guan, plantea un ejercicio retrospectivo: con los instrumentos científicos actuales, ¿habría sido posible identificar el deterioro de la capa de ozono antes de que los clorofluorocarbonos (CFC) se convirtieran en el foco de la lucha ambiental? La respuesta provisional del estudio apunta al tetracloruro de carbono, un disolvente industrial ya empleado décadas antes.

Según el artículo, la producción de CFC arrancó en los años cincuenta y se disparó en los sesenta, pero el tetracloruro de carbono llevaba en uso desde mucho antes. Los registros de producción y los análisis de nieve en testigos de hielo muestran que, en 1950, su concentración atmosférica triplicaba o cuadruplicaba la de los CFC iniciales. Ese volumen bastaba para haber alterado la concentración de ozono, aunque detectarlo no resultara sencillo, porque el ozono fluctúa de forma natural por el ciclo solar de once años, las erupciones volcánicas y las variaciones según la altitud, lo que dificulta aislar una tendencia de agotamiento a partir de los datos de columna total.

La investigación reescribe la cronología habitual, que sitúa la alarma a partir del trabajo de Molina y Rowland de 1974, el descubrimiento del agujero antártico en 1985 y la firma del Protocolo de Montreal en 1987. Si los efectos atmosféricos del tetracloruro de carbono hubieran podido identificarse con herramientas modernas, los organismos de regulación habrían contado con evidencia objetiva mucho antes para actuar.