Un estudio de la Universidad de York sobre Mohenjo-daro, una de las mayores ciudades de la civilización del Indo (2600-1900 a.C., en el actual Pakistán), demuestra que la desigualdad económica se redujo a medida que la urbe crecía, al contrario de lo que sostienen las teorías tradicionales sobre urbanismo.
Los investigadores analizaron registros de excavaciones previas y aplicaron coeficientes de Gini —el mismo indicador que usan los economistas actuales— para medir la desigualdad a partir del tamaño de las viviendas. Mohenjo-daro obtuvo valores más bajos que los registrados en ciudades de Mesopotamia o en la Grecia de la Edad del Bronce, y esa brecha se estrechó aún más en los periodos tardíos de la ciudad.
Los autores también observan la ausencia de palacios reales, estatuas colosales de soberanos o tumbas suntuosas, a diferencia de otras civilizaciones contemporáneas. En su lugar, la ciudad destacó por una red de calles planificadas, sistemas de drenaje avanzados que llegaban a hogares de vecinos humildes, y una infraestructura pública distribuida por toda la trama urbana, no concentrada en distritos de élite. Sellos comerciales, pesas y medidas estandarizadas se hallaron en viviendas corrientes, sin indicios de que las élites controlasen su acceso.
El autor principal, Adam Green, sostiene que la gobernanza local priorizó inversiones en servicios compartidos —drenaje, mantenimiento de calles, equipamientos colectivos— y que ese modelo contribuyó a la estabilidad de la ciudad. El estudio, publicado en Antiquity (DOI: 10.15184/aqy.2026.10359), cuestiona la idea de que el crecimiento urbano conlleve automáticamente mayor desigualdad y propone a Mohenjo-daro como ejemplo de una ciudad antigua organizada en torno al acceso compartido a infraestructura y actividad económica.
