Un equipo de la Universidad de Córdoba ha analizado huevos de hasta 14 especies de aves silvestres, entre ellas quebrantahuesos, milano real y cerceta pardilla, y ha hallado en su interior un amplio abanico de contaminantes: DDT, plaguicidas y fungicidas de uso corriente, metales pesados como plomo, mercurio y cadmio, disruptores endocrinos y, en dos huevos de quebrantahuesos, fármacos veterinarios. Los investigadores del grupo de Toxicología Veterinaria AGR-125 y del Centro de Análisis y Diagnóstico de Fauna Silvestre de Andalucía emplearon los huevos como «matrices no invasivas» para reconstruir la memoria química del territorio, ya que cada huevo refleja la contaminación acumulada en la cadena trófica del lugar donde se puso.
El hallazgo más llamativo no es tanto la presencia de DDT —prohibido en agricultura en los años 70 y como insecticida en 1994, aunque un derivado se fabricó en Monzón hasta 2008—, sino el retrato completo de la contaminación que soporta el monte mediterráneo. Los autores reconocen que las concentraciones detectadas son bajas, lo que dificulta la adopción de medidas adicionales, pero subrayan que el método abre una vía inédita para monitorizar el estado químico del entorno y, por extensión, de las personas que habitan esos ecosistemas.
