Un estudio de la Universidad de Santiago de Compostela y el CSIC ha analizado 240 zonas del Parque Natural das Fragas do Eume y confirma que las plantaciones de eucalipto albergan una riqueza y abundancia de aves muy inferior a la del bosque atlántico autóctono. La especie, introducida en los años 40 para alimentar a la industria papelera, cubre ya el 30% de la superficie forestal del noroeste de España y hasta 1.340 hectáreas del propio parque, segundo tipo forestal más extenso tras el bosque nativo.
Según la investigación, el eucalipto no puede sustituir a los árboles maduros como hábitat funcional: su follaje sostiene pocos insectos, carece de sotobosque por la alelopatía y se tala cada diez o quince años, antes de que se formen las cavidades que necesitan aves cavernícolas como el pico picapinos o el carbonero. Las más perjudicadas son las insectívoras y las nidificadoras en huecos. Las hojas liberan además compuestos tóxicos a los cauces, dañando a invertebrados y anfibios.
En 2017, el comité científico del Ministerio para la Transición Ecológica ya recomendó incluir el eucalipto en el Catálogo de Especies Exóticas Invasoras, pero el Gobierno rechazó la propuesta por el peso económico del sector: 2.500 millones de euros anuales y más de 19.000 empleos en Galicia. El equipo investigador no aboga por la erradicación, sino por mantener franjas de vegetación silvestre sin talar dentro de las plantaciones para que la fauna regrese, una medida de bajo coste ya validada en otros contextos europeos.
