Un equipo internacional de investigadores ha documentado cerca de 400 nuevos geoglifos y otras obras de tierra ocultas bajo la densa selva amazónica en los estados brasileños de Acre y Amazonas, según un estudio publicado en Nature. El hallazgo, realizado con tecnología lidar —un radar láser aerotransportado capaz de atravesar la copa de los árboles y mapear el suelo con precisión—, multiplica las estimaciones previas sobre la presencia humana precolombina en la región. Los autores, liderados por el arqueólogo finlandés Martti Pärssinen, creen que podrían existir más de 20.000 estructuras adicionales en zonas de bosque análogas, muy por encima de los 10.000 geoglifos que se calculaban para toda la Amazonia.
A partir de la fuerza de trabajo necesaria para construir y mantener estas obras, los científicos estiman que hasta 3 millones de personas pudieron haber habitado alrededor del 3% de la superficie forestal. Los restos, datados por carbono 14 en torno a hace 2.500 años, presentan formas geométricas —cuadrados, círculos, pentagramas, octágonos— y apenas conservan huellas de actividad cotidiana, lo que sugiere un uso principalmente ceremonial. La sociedad constructora, bautizada como Aquiry, ocupa ahora un territorio mayor del que se pensaba, sin depender de los grandes ríos como ejes de asentamiento.
El descubrimiento refuerza la idea de que la composición actual de la Amazonia fue moldeada por poblaciones humanas, evidencia útil para la modelización climática y para la protección de yacimientos amenazados por la deforestación. La Amazonia ha perdido más del 13% de su cobertura vegetal en las últimas cuatro décadas, y los autores subrayan la necesidad de producir conocimiento científico desde las comunidades locales y junto a ellas para defender estos territorios indígenas.
