Un estudio de los Laboratorios Sandia (EE. UU.) ha calculado que la explosión ocurrida el 29 de mayo de 2026 durante una prueba del cohete pesado New Glenn de Blue Origin en Cabo Cañaveral (Florida) liberó una energía de 0,131 kilotones, superior a la de la primera explosión del reactor de Chernóbil en 1986. Aunque el estampido se escuchó hasta 217 kilómetros, los investigadores detectaron ondas de infrasonido —no perceptibles para el oído humano— que recorrieron unos 1.700 kilómetros y fueron registradas por al menos 36 sensores distribuidos por Estados Unidos, incluido uno en el norte de Texas. El equipo estima que solo entre el 3 % y el 6 % del combustible del cohete se consumió en la detonación inicial; el resto ardió después en la bola de fuego y la columna de humo. Los autores defienden que el análisis de infrasonidos es una herramienta poco explotada para estudiar grandes explosiones, como ya habían hecho con meteoritos y entradas atmosféricas de naves espaciales. La explosión dañó gravemente la plataforma de lanzamiento, cuya reparación se extenderá al menos hasta 2028, lo que pone en riesgo los planes de la NASA para transportar al Luna los componentes de su base lunar, de la que depende de New Glenn.
