Una investigación publicada en Science Advances cuestiona la explicación tradicional sobre el abandono de los asentamientos vikingos en Groenlandia y sitúa la progresiva escasez de agua como el factor decisivo, por encima del enfriamiento asociado a la Pequeña Edad de Hielo. El equipo, con participación del geociéntifico Raymond Bradley, analizó sedimentos del lago 578, cercano al antiguo asentamiento de Brattahlíð, y concluyó que la temperatura apenas varió durante la presencia nórdica, mientras la humedad del terreno fue disminuyendo de forma constante.
Esa aridificación redujo la producción de forraje y dejó al ganado sin alimento suficiente para pasar el invierno, lo que debilitó la base ganadera de las granjas. La caída se vio agravada por el aumento del hielo marino, que dificultó la caza de focas, el comercio con Europa y el acceso a suministros como la madera. El asentamiento, fundado en 985, llegó a reunir a más de 2.000 personas durante 450 años y se vació a comienzos del siglo XV. Especialistas como Orri Vésteinsson piden cautela y recuerdan que una epidemia en Islandia (1402-1404) y la pérdida de valor del marfil de morsa también pudieron influir.
