Un estudio advierte de los riesgos sanitarios del comercio privado de momias en internet

Fuentes: Un estudio alerta de los riesgos químicos y biológicos del comercio privado de momias en internetT2, arstechnica.com

Un estudio internacional advierte sobre los riesgos sanitarios del comercio privado de momias humanas y animales a través de internet, un mercado opaco y en expansión que escapa a los controles de museos y centros de investigación. La investigación, publicada en la International Journal of Cultural Property y firmada por Kirsty Squires, Dario Piombino-Mascali, Clara Urzì y Damien Huffer, documenta la presencia de restos momificados en redes sociales, plataformas de comercio electrónico y casas de subastas, y alerta de los peligros químicos y biológicos que pueden entrañar para compradores, vendedores y terceros.

Los autores analizaron 128 publicaciones y lotes localizados entre 2015 y 2025, a partir de una monitorización periódica. De ellos, 122 correspondían a restos humanos y seis a animales. El tipo de piezas más frecuente fueron las partes aisladas del cuerpo, como manos y pies (27 casos), seguidas de cabezas momificadas completas (21). En total, más de la mitad de la muestra (66 entradas, el 51,6%) estaba compuesta por cabezas en distintos estados de conservación, incluyendo tsantsas, las cabezas reducidas del pueblo shuar. Solo se localizó un cuerpo humano momificado completo, anunciado en una tienda digital.

Los riesgos identificados se dividen en dos grandes categorías. La primera es de carácter químico. A lo largo de la historia se han empleado sustancias tóxicas para preservar cadáveres, entre ellas metales pesados como arsénico, mercurio y plomo, además de compuestos orgánicos. También se han utilizado betún, aceite de cedro o natrón, este último con una alcalinidad capaz de provocar quemaduras químicas tras un contacto prolongado. Manipular restos tratados con estos productos sin protección puede causar irritaciones cutáneas, oculares o respiratorias.

La segunda categoría es la biológica. La desecación durante siglos no garantiza la ausencia de microorganismos: bacterias, hongos y levaduras pueden permanecer latentes y, en condiciones de humedad, oscuridad o mala ventilación, recolonizar o multiplicarse aprovechando la materia orgada disponible. Los investigadores localizaron 13 publicaciones en Facebook con fotografías que mostraban lo que interpretaron como una posible colonización fúngica visible, con manchas o crecimientos de distintas tonalidades. Ocho de esos casos eran anuncios de venta y seis presentaban un biodeterioro extenso. Los autores subrayan que cualquier resto que conserve tejidos blandos alberga cierto grado de colonización microbiana, aunque no siempre sea visible.

Otro foco de preocupación es la opacidad sobre la procedencia. En el 20,3% de las publicaciones se desconocía el origen geográfico de los restos, y en otros casos la procedencia declarada no podía verificarse. Entre las 102 entradas que sí atribuían un origen, Egipto era el más frecuente (44 casos), seguido de Sudamérica (21). Ignorar la trayectoria de un cuerpo dificulta saber qué tratamientos recibió y en qué condiciones fue almacenado, lo que influye tanto en su estado de conservación como en los riesgos asociados.

El peligro no se limita a los coleccionistas. En 22 publicaciones se observaba la manipulación de restos sin guantes, y los investigadores recuerdan que un embalaje puede dañarse durante el transporte o abrirse en una inspección, exponiendo a repartidores, empleados logísticos o funcionarios de aduanas sin que conozcan su contenido. Además, aunque la mayoría de las empresas postales y de mensajería prohíben el envío de restos humanos —con excepciones para cenizas—, el estudio halló evidencias de momias enviadas por correo tanto dentro de un mismo país como entre países.

El equipo matiza que la probabilidad de que restos momificados históricos transmitan enfermedades a personas sanas es baja, pero advierte de que el riesgo aumenta en personas con el sistema inmunitario comprometido. Frente a las condiciones controladas de museos y laboratorios, el mercado digital opera sin protocolos de protección ni trazabilidad, lo que convierte a esta actividad en un problema de salud pública minoritario pero real.

La investigación pone así en entredicho la percepción romántica de las momias como objetos exóticos o coleccionables y recuerda que, tras la fascinación, se esconden materiales potencialmente peligrosos que requieren manipulación profesional, envases adecuados y una regulación específica que, hoy por hoy, el comercio privado en internet esquiva con facilidad.