Un estudio dirigido por la Universidad de California en Irvine, publicado en el Journal of Urban Affairs, descarta que la inmigración irregular eleve las tasas de criminalidad en los barrios estadounidenses. El trabajo, el más detallado geográficamente hasta la fecha, analizó 11.500 barrios (46 millones de habitantes) en ciudades diversas de EE. UU. entre 2010 y 2018, accediendo a datos censales restringidos mediante un método de imputación similar al del Departamento de Seguridad Nacional.
Los resultados muestran que en los barrios donde creció la proporción de residentes sin papeles se redujeron los delitos contra la propiedad y no hubo cambios significativos en los violentos. La excepción fueron los robos, que aumentaron. Los autores atribuyen ese incremento a la victimización, no a la autoría: los inmigrantes sin documentación, con mayor uso de efectivo y menos acceso a la banca, son blancos más vulnerables, un patrón conocido como fenómeno del "cajero ambulante".
La autora principal, Charis E. Kubrin, sostiene que estas conclusiones cuestionan la eficacia de políticas de control migratorio justificadas por la seguridad pública, y advierte de los costes humanos y económicos de la deportación, citando un estudio que estima casi 59 millones de dólares de pérdidas en el condado de Orange tras operativos federales.
