Un equipo de científicos de la NASA y la Universidad de Lancaster ha demostrado que la supuesta saturación de las tormentas geomagnéticas —el límite a partir del cual las corrientes eléctricas inducidas en la Tierra dejaban de crecer— es un artefacto estadístico. El fenómeno se debe a la regresión a la media, un sesgo que aparece cuando se extrapolan a la Tierra mediciones tomadas en el punto L1 de Lagrange, mucho más cerca del Sol. Los valores extremos del viento solar medidos allí estaban sobredimensionados, lo que aplanaba artificialmente la curva de respuesta geomagnética en el planeta.
Los autores, que publican su trabajo en Nature, proponen colocar sondas más cercanas a la Tierra para medir la intensidad real del viento solar antes de que impacte la magnetosfera. Su análisis de cerca de un millón de datos cercanos muestra que la corriente inducida seguiría creciendo con la fuerza de la tormenta.
El hallazgo es relevante porque la sociedad depende de redes eléctricas y satélites cada vez más sensibles. Eventos históricos como la tormenta Carrington de 1859, que inutilizó las comunicaciones telegráficas, o el apagón de Quebec de 1989, que colapsó la red eléctrica provincial en 92 segundos, podrían no representar el peor escenario posible.
