Un ensayo del profesor Salvador García Castañeda, catedrático jubilado de la Universidad de Ohio y miembro del Centro de Estudios Montañeses, documenta que la bahía de Santander fue, hace doscientos años, uno de los tres principales puertos españoles del comercio de esclavos hacia América, junto a Cádiz y Barcelona. Entre 1815 y 1820 salieron de la bahía 17 barcos con esclavos, una actividad sistemática y no ocasional.
La investigación, editada por El Desvelo, reconstruye a partir de datos notariales y crónicas cómo varios indianos cántabros amasaron fortunas con este tráfico, bautizado eufemísticamente como comercio de 'piezas de ébano', y luego recibieron marquesados y condados al regresar a sus pueblos, donde financiaron iglesias y escuelas. Entre ellos figuran Juan Madrazo (Ampuero), que transportó cerca de 4.000 esclavos hasta 1820; Joaquín Gómez Hano de la Vega (Hazas de Cesto); Pedro Martínez Gómez de Terán y su primo Mauricio Pérez de Terán, con factorías en la costa africana; Ramón Herrera San Cibrián, conde de Mortera; y Ángel Pérez (Ruiloba), representante en Cuba de la naviera de Antonio López.
El caso más conocido es el del marqués de Comillas, Antonio López, y el del marqués de Manzanedo y duque de Santoña, Juan Manuel Manzanedo, considerado el hombre más rico de España en 1879, con más de 170.000 millones de reales. El ensayo denuncia que los cántabros actuaron como grupo de presión para impedir la abolición de la esclavitud, bloquearon reformas y compraron periodistas para moldear la opinión pública, mientras sus biografías ocultaban el origen esclavista de su riqueza.
