Un equipo de astrónomos del Instituto W.M. Keck para el Estudio de Espacios ha propuesto lanzar un enjambre de pequeñas naves espaciales que trabajen de forma coordinada para fotografiar exoplanetas y detectar posibles biofirmas en su atmósfera. La iniciativa, bautizada como Large Interferometer for Exoplanets (LIFE), busca superar dos limitaciones clave de los telescopios actuales: el brillo extremo de las estrellas, que puede ser millones de veces superior al del planeta, y el tamaño insuficiente de los instrumentos como el James Webb para alcanzar la resolución necesaria.
El concepto consiste en distribuir la captación de luz entre varias naves pequeñas y enviarla a una nave nodriza equipada con un coronógrafo, que bloquea la luz estelar para aislar la señal del exoplaneta. LIFE operaría en el infrarrojo medio, una franja en la que se pueden medir emisiones térmicas directas y detectar compuestos asociados a la vida como ozono, metano, agua, dióxido de carbono o fosfina.
Los autores prevén complementar al Observatorio de Mundos Habitables (HWO) de la NASA, un gran telescopio en luz visible y ultravioleta previsto también para la década de 2040. Juntos podrían descartar falsos positivos y reforzar la caracterización de mundos potencialmente habitables. Propuestas similares, como el Interferómetro Localizador de Planetas Terrestres de la NASA o la misión Darwin de la ESA, fueron abandonadas por obstáculos técnicos; los impulsores de LIFE apuestan por un desarrollo iterativo para evitar bloqueos.
