Un dron equipado con un artefacto explosivo fue localizado este miércoles en el perímetro del aeropuerto de Leipzig/Halle, en el este de Alemania, a pocos metros de dos aviones de carga Antonov An-124 de la aerolínea ucraniana Antonov Airlines. Aunque el detonador falló y la carga no estalló, el incidente es considerado por los expertos como una escalada sin precedentes en la guerra híbrida que Rusia libra contra territorio europeo, al tratarse de la primera vez que se descubre un dron armado con explosivos en un aeropuerto del corazón de Europa, lejos de la frontera ucraniana.
Según informó la policía del estado federado de Sajonia, un empleado del aeropuerto divisó el cuadricóptero sobrevolando a baja altura entre los dos Antonov poco antes de la medianoche del 4 de agosto. El aparato, un modelo ya conocido por su uso en el conflicto de Ucrania, transportaba un paquete del tamaño de un puño que contenía aproximadamente 800 gramos de explosivo plástico, posiblemente Semtex mezclado con PETN, según el periódico local Leipziger Volkszeitung. Alexander Dobrindt, ministro federal del Interior alemán, explicó en rueda de prensa que el dron había sido modificado para evitar los sensores de defensa antiaeronave del aeropuerto. La policía empleó un robot de desactivación para neutralizar el artefacto y posteriormente procedió a una detonación controlada, según BBC News.
El explosivo no estalló porque, según las primeras pesquisas, el detonador no funcionó. Trevor Lawrence, experto en explosivos de la Universidad de Cranfield, recordó que los fuselajes de los aviones tienen apenas tres milímetros de aluminio, por lo que esa cantidad de material habría bastado para causar "daños considerables". Charlie Edwards, investigador principal del International Institute for Strategic Studies (IISS), advirtió de que "un dron con una carga y un detonador que falla es algo distinto a lo que hemos visto hasta ahora" y consideró probable que la intención fuera que estallara y no que fuera descubierto.
Horas después del hallazgo, un avión de carga de DHL que se aproximaba al aeropuerto colisionó en el aire con un objeto no identificado —posiblemente un segundo dron— y sufrió daños leves. La OTAN confirmó tener conocimiento del incidente, aunque no explicó por qué no logró impedir la incursión.
El aeropuerto de Leipzig no es una instalación cualquiera: además de ser un centro neurálgico de distribución de DHL y una base utilizada por la OTAN y las Fuerzas Armadas alemanas, alberga la flota europea de los Antonov, empleados para el transporte de carga pesada. Las aeronaves ucranianas se encontraban vacías en el momento del suceso, según aclaró el Ministerio del Interior alemán a Deutsche Welle, desmintiendo algunas informaciones iniciales que apuntaban a que transportaban armamento. La cercanía física entre el dron y los Antonov sugiere, no obstante, que estos eran el objetivo.
El episodio encaja en un patrón más amplio de operaciones encubiertas atribuidas a Moscú. En julio de 2024, una bomba incendiaria enviada a través de DHL estalló en el propio aeropuerto de Leipzig, mientras que otro paquete similar se incendió en un almacén de Birmingham, y se encontraron dos más en Polonia. Una investigación paneuropea identificó a 22 sospechosos en Lituania y Polonia, reclutados y coordinados a través de internet, con pagos en criptomonedas. En septiembre de 2025, alrededor de veinte drones rusos tipo Gerbera penetraron en el espacio aéreo polaco, obligando a la población de dos provincias orientales a refugiarse. Más recientemente, el IISS concluyó que el Kremlin dirigió durante dieciocho meses una campaña coordinada de vigilancia con drones contra bases militares occidentales clave, entre ellas la RAF Lakenheath en Reino Unido e instalaciones en Francia, Bélgica y Países Bajos.
Rusia, ya sometida a un amplio régimen de sanciones por la invasión de Ucrania, parece operar con relativa impunidad, aprovechando la dificultad de los sistemas occidentales para detectar, interceptar y atribuir estas acciones. El intento de Leipzig marca un salto cualitativo: del sabotaje logístico y la vigilancia hacia un ataque directo con explosivos en una infraestructura crítica europea. Las autoridades alemanas y aliadas deberán ahora reforzar la detección de drones y aclarar si el aparato forma parte de una operación aislada o de un plan más ambicioso.
