Un dispositivo del tamaño de una moneda puede hackear el piloto automático de un Boeing 737

Fuentes: This Coin-Sized Device Can Hack a Boeing 737, xataka.com

Un dispositivo del tamaño de una moneda y de menos de 100 dólares podría hackear el piloto automático de un Boeing 737, según una investigación que se presenta esta semana en la Conferencia de Ciberseguridad Usenix. El hallazgo, liderado por investigadores de la Universidad de California en San Diego (UCSD) y del Oberlin College, demuestra que con apenas 60 segundos de acceso físico a un avión es posible redireccionar su navegación o manipular cálculos críticos de despegue y combustible mientras se falsifican los datos en las pantallas del piloto.

El dispositivo en cuestión es un pequeño implante con capacidad Wi-Fi que cabe en la palma de una mano. Según explican los investigadores, puede instalarse en menos de un minuto en un puerto accesible desde el exterior del avión, ubicado tras una escotilla que suele estar al alcance de personal de mantenimiento o de tierra entre vuelos. Una vez conectado, envía señales eléctricas a una de las redes internas del 737 para enviar comandos falsos al sistema de piloto automático y manipular variables como el peso total de la aeronave y la temperatura exterior, datos esenciales para los cálculos de despegue.

"Si pudieras tener 60 segundos con un avión, ¿qué podrías hacer?", plantea Stefan Savage, profesor de informática de UCSD y uno de los responsables del proyecto. "Resulta que hay un puerto accesible desde el exterior. Puedes alcanzarlo sin herramientas especiales en unos 15 segundos. Y puedes meter un componente electrónico apenas más grande que una moneda que te permite decirle al piloto automático qué hacer y mentir al piloto sobre cambios en el plan de vuelo".

Los investigadores, que no revelan qué puerto específico utilizaron ni algunos detalles técnicos de su ataque, trabajaron durante más de una década en este proyecto y notificaron a Boeing hace más de seis años, llegando a probar su metodología en un laboratorio de la propia compañía. Los hallazgos podrían permitir, según señalan, desde excesos de pista en el despegue hasta desvíos del avión hacia el espacio aéreo de otro país, con consecuencias potencialmente catastróficas.

La investigación nació a partir de los trabajos pioneros del mismo equipo en 2015 sobre el hackeo remoto de vehículos, incluido un Chevy Impala, que transformó las prácticas de ciberseguridad de la industria automotriz. Inspirados por aquella experiencia, los académicos decidieron explorar si vulnerabilidades similares podían existir en la aviónica. Con una limitación evidente: no podían comprar un Boeing 737. Así, durante años fueron adquiriendo componentes de segunda mano hasta montar, en 2019, un banco de pruebas bautizado como 'Triton', formado por piezas cableadas del avión comercial.

La idea de un ataque de acceso físico cobró fuerza cuando otro profesor de UCSD, Aaron Schulman, investigaba dispositivos skimmers en terminales de pago de gasolineras. "Nos dimos cuenta de que es una amenaza razonable que alguien conecte un dispositivo a un bus y lea información, e incluso potencialmente tome el control", explica Schulman. Su entonces estudiante Sam Crowe rastreó cientos de páginas de diagramas de cableado de Boeing hasta identificar el puerto vulnerable.

Boeing respondió que sus propios expertos habían revisado los diseños, instalaciones e interfaces de los componentes a la luz de los hallazgos, si bien minimizó el riesgo práctico del ataque. "Nuestros expertos técnicos confían en que las capas de protección existentes en el avión, incluyendo el diseño del sistema y el entorno operativo, proporcionan mitigación suficiente para limitar significativamente la viabilidad y el riesgo de ataques en el mundo real", señaló la compañía.

No obstante, los investigadores sostienen que Boeing no les ha comunicado ningún arreglo técnico concreto y especulan que, dada la baja frecuencia con la que se rediseñan los aviones comerciales, podrían pasar años antes de que se implemente una solución. En su artículo, aclaran que no buscan generar alarma ni el cese de operaciones de los 737: "Todos los autores de este documento viajamos habitualmente en Boeing 737 y esperamos seguir haciéndolo", escriben.

La contramedida más inmediata que proponen es tan simple como drástica: tapar el puerto con epoxy o eliminarlo. Para los investigadores, el trabajo evidencia la necesidad de cambios a largo plazo tanto en la ciberseguridad de los componentes aeronáuticos como, sobre todo, en las medidas de seguridad operativa que determinan quién puede acceder a un avión en tierra. "Esto es algo ante lo que la industria de la aviación querrá planificar defensas", advierte Savage. "Yo no lo dejaría pasar por alto".

Aunque el ataque requiere acceso físico y complicidad logística, los autores subrayan que frente a la alternativa tradicional de colocar una bomba, este enfoque ofrece al atacante más control, sigilo y posibilidad de negar su autoría, lo que lo convierte en una amenaza atractiva para sabotajes llevados a cabo por actores con recursos suficientes.