El gobierno australiano anunció reformas para obligar a las plataformas de redes sociales a permitir a los usuarios desactivar los algoritmos de recomendación, bajo la iniciativa «my feed, my way». Una periodista decidió probar durante 24 horas cómo es usar Instagram sin algoritmo, limitando su feed a las cuentas que sigue en orden cronológico.
Antes del experimento, dejó de seguir alrededor de 100 cuentas que no pertenecían a personas conocidas, incluidas cuentas de noticias, políticos, influencers y chefs. Tras la limpieza, el feed se agotó en apenas diez minutos de desplazamiento. Instagram le notificó que había llegado al «final» de las publicaciones de sus contactos en los últimos 30 días.
La experiencia resultó nostálgica pero insatisfactoria: muchas publicaciones eran autopromocionales o intentos de volverse virales, y solo su madre y sus amigas usaban la plataforma como antes. Durante su pausa para almorzar, en lugar de abrir las aplicaciones, leyó un libro y observó su entorno.
La autora concluye que el algoritmo le ofrece un contenido absorbente pero anestesiante, mientras que el feed cronológico refleja un uso más vacío y menos atractivo. Considera que la solución más eficaz podría ser dejar las redes sociales por completo, no solo prescindir del algoritmo.
