Un equipo quirúrgico halló una tenia viva de 26 centímetros en el abdomen de un hombre de 71 años mientras le reparaban una hernia inguinal derecha en una intervención electiva. El caso, publicado en el New England Journal of Medicine, recoge que el hallazgo fue completamente inesperado: el paciente estaba aparentemente sano, con análisis de sangre normales y sin síntomas más allá del bulto indoloro. Durante la cirugía laparoscópica, los cirujanos identificaron un objeto blanquecino entre la vejiga y el pubis y, tras extraerlo con fórceps, comprobaron que se trataba de un cestodo que aún se movía sobre la mesa de operaciones. Lo más llamativo del informe es que el propio paciente refirió haber vivido una situación similar en el pasado, aunque no se aportan detalles sobre aquella intervención previa ni sobre el origen parasitológico del gusano. El artículo recuerda que las hernias inguinales son frecuentes en varones mayores y que, en ausencia de dolor, la opción de vigilancia activa es una alternativa válida antes de pasar por quirófano. El texto no especula sobre la vía de contagio ni vincula el caso a hábitos concretos del paciente; tampoco describe síntomas digestivos que hubieran sugerido la presencia del parásito antes de la operación. La singularidad del episodio reside en la localización atípica del cestodo, lejos del tubo digestivo, y en su descubrimiento fortuito durante un procedimiento de rutina.
