Científicos de la Universidad de Edimburgo han publicado una base de datos con los 239 virus de ARN capaces de infectar al ser humano, una herramienta diseñada para anticipar qué patógenos tienen más probabilidades de provocar una emergencia sanitaria global. La iniciativa, liderada por el epidemiólogo Mark Woolhouse, clasifica los virus según su capacidad real de transmisión entre personas, un factor más determinante que la mera gravedad de la enfermedad.
El trabajo parte de una observación histórica: desde los años sesenta, los investigadores descubren entre dos y tres virus nuevos en humanos cada año, aunque la mayoría pasan desapercibidos. Sin embargo, algunos, como el VIH-1 en 1983 o el SARS-CoV-2 en 2020, desencadenaron pandemias que han costado decenas de millones de vidas. La pregunta es cómo distinguir, ante un virus recién identificado, si representa un peligro sistémico o si quedará en una nota a pie de página.
Los autores subrayan que dos tercios de los virus de la lista son zoonóticos y rara vez se transmiten entre personas, por lo que su potencial pandémico es limitado. El riesgo real reside en los patógenos que ya circulan entre humanos y cuyo número reproductivo (R) puede incrementarse al cambiar el contexto epidemiológico, como ocurrió con el ébola Zaire cuando llegó a zonas urbanas de África Occidental en 2014. La lista corta de virus con capacidad epidémica demostrada, que incluye el Chikungunya, el Zika, el Oropouche y el mpox, ha resultado ser un predictor fiable de emergencias de salud pública.
El catálogo también permite perfilar el aspecto que tendría la hipotética 'enfermedad X'. Los análisis realizados por el equipo en 2018 y 2019 ya anticipaban que un coronavirus tipo SARS era el candidato más plausible, meses antes de la aparición de la COVID-19. Woolhouse advierte de que un virus novel emparentado con el sarampión sería un escenario de alto riesgo.
Como ejemplo reciente, el hantavirus Andes y el ébola Bundibugyo ilustran una lección clave: ambos circularon durante semanas antes de ser detectados, igual que el SARS-CoV-2. Identificar virus nuevos con mayor rapidez, concluye el equipo, podría negar a la próxima pandemia esa ventaja inicial.
