Un bastón de marfil perforado, descubierto en 2015 en la cueva de Hohle Fels en Alemania, ha revelado que los cazadores-recolectores prehistóricos utilizaban cuerdas y fibras hace más de 35.000 años. Aunque inicialmente se interpretó como un objeto simbólico, Nicholas Conard, de la Universidad de Tübingen, identificó surcos en espiral en los agujeros que permitían orientar las fibras. Experimentos con fibras de juncos demostraron que la herramienta facilitaba la fabricación de cuerdas resistentes en minutos. Este hallazgo resalta una limitación clave en la arqueología: la preservación de materiales orgánicos es escasa, lo que oculta el 90% de las tecnologías blandas que definieron la vida diaria de nuestros antepasados. La evidencia más antigua de fibra humana data de 50.000 años, mientras que marcas en herramientas de piedra sugieren el uso de ataduras hace 250.000 años. La invención de la atadura de herramientas transformó la caza y el transporte de piedras, permitiendo a los homininos mover cargas pesadas y cazar con mayor eficacia. La producción de cuerdas exigía un enorme esfuerzo laboral, como lo demuestran estudios etnográficos de sociedades actuales, impactando directamente en la movilidad de los grupos nómadas.
