Cesar Mora, agricultor de tercera generación de Reedley, en el valle central de California, lleva desde el lunes regalando más de 45.000 kilos de nectarinas de la variedad blanca Monalise porque no puede venderlas. La prohibición se debe a un litigio que mantiene desde 2023 con Giumarra Brothers Fruit Co., que le acusa de haber roto el contrato de comercialización al vender la fruta a otra envasadora. El juicio está previsto para finales de este mes.
Mora firmó en 2017 un acuerdo de sublicencia con Giumarra y en 2019 otro de comercialización que le obligaba a envasar y vender la fruta a través de esa empresa, a cambio de una regalía de 2,50 dólares por árbol y un 4% sobre las ventas brutas. El agricultor asegura que Giumarra desechó hasta la mitad de las nectarinas que les entregó en 2020 y que vendió parte de su cosecha a Taiwán en 2022, algo que la compañía niega. Un juez del Tribunal Superior del condado de Fresno avaló en mayo la validez del contrato con independencia de que exista o no una patente.
Giumarra sostiene que los derechos sobre la variedad Monalise pertenecen a la francesa Star Fruits Diffusion y que ella solo posee la sublicencia para su prueba, producción y venta en Estados Unidos y Canadá. Los abogados de Mora defienden que la empresa no ha aportado documentación sobre esa licencia y sostienen que Giumarra les presentó la fruta como una variedad exclusiva con patente. El conflicto ilustra la creciente tensión entre los obtentores vegetales, que registran nuevas variedades y cobran regalías, y los agricultores. Mientras dure el proceso, Mora ha perdido alrededor de una cuarta parte de sus ingresos. Una campaña en GoFundMe ha recaudado más de 17.000 dólares y vecinos con camisetas con el lema "No Nectarines Wasted" ayudan a repartir la fruta.
