Un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences advierte que el acuífero del Valle de Sacramento, en el centro agrícola de California, perdió de forma probablemente irreversible su capacidad de almacenar agua tras la sequía de 2020. Durante esa crisis, los agricultores bombearon grandes volúmenes de agua subterránea para salvar sus cultivos, lo que redujo la presión dentro de los sedimentos porosos y provocó su compactación. Entre 2021 y 2022, el terreno en el norte del Valle Central se hundió más de medio metro, una tasa sin precedentes en la serie histórica.
El equipo liderado por la geofísica Stacy Larochelle, de la Universidad de California en Los Ángeles, combinó datos de radar satelital de la Agencia Espacial Europea con mediciones de más de 2.500 pozos desde 1940. El análisis muestra que, hasta 2020, la altura del suelo oscilaba de forma estacional según el nivel del acuífero, pero en 2021 el hundimiento se aceleró bruscamente. Las intensas lluvias de 2022 a 2024 no lograron revertir el proceso, lo que sugiere que el acuífero no se recargó.
Algunos expertos, como el geofísico Manoochehr Shirzaei, de Virginia Tech, cuestionan que la deformación sea permanente y piden mediciones en profundidad para confirmarlo. Larochelle coincide en que solo testigos de sedimento o sensores subterráneos resolverán la duda, pero urge a las autoridades californianas a declarar el acuífero como «críticamente sobreexplotado», una figura legal que ya permitió limitar el bombeo en el vecino Valle de San Joaquín. Si la compactación es definitiva, la única opción será la recarga artificial, un proceso costoso y con riesgo de inducir sismos.
