Un académico de ciencias sociales argumenta en un artículo publicado en The Chronicle que el valor de la escritura analítica debe juzgarse por su calidad y su capacidad argumentativa, no por el origen de la inteligencia artificial utilizada para redactarla. El autor relata cómo un editor de una revista profesional le solicitó reescribir un texto aceptado para eliminar frases que 'leían como si fueran escritas por IA', una petición que el autor considera una confusión en la academia sobre el criterio de evaluación. El texto sostiene que, al igual que en la matemática, donde se valora la comprensión del problema y no solo la certificación por máquina, la escritura analítica debe evaluarse por su tesis, evidencia y estructura lógica. El autor critica la reciente decisión de la Académie Goncourt de eliminar de la lista final de una novela de Thélyson Orélien tras un análisis de detección de IA, señalando que la carga de plagio o autoría automática no puede resolverse comparando dos textos, a diferencia de la sospecha de IA. El ensayo concluye que la educación debe adaptarse a esta realidad, priorizando la comprensión crítica y la responsabilidad ética del autor, ya que la IA es una herramienta que requiere supervisión humana para ser efectiva y no un sustituto de la composición intelectual.
