Ucrania ha logrado destruir un dron ruso de la serie Geran-5 volando a 425 km/h y a más de tres kilómetros de altitud, marcando un hito en la guerra de drones en el territorio ucraniano. Según la Fundación Serhiy Prytula, el objetivo fue interceptado por un sistema antiaéreo local, superando las velocidades de los antiguos Shahed de hélice y acercándose a las de la Fórmula 1. Esta maniobra demuestra la eficacia de los nuevos interceptores ucranianos diseñados específicamente para cazar drones a reacción, que ahora operan en combate real.
Rusia ha respondido a la amenaza de los interceptores ucranianos introduciendo progresivamente variantes a reacción como el Geran-3, Geran-4 y Geran-5. El Geran-4 alcanza entre 450 y 500 km/h, mientras que el Geran-5 podría superar los 600 km/h, reduciendo drásticamente la ventana de tiempo para detectar y destruirlos. Esta velocidad obliga a Ucrania a recurrir a sistemas más sofisticados, como los F-16, o a desarrollar interceptores económicos como el Sting S de Wild Hornets, que ha derribado decenas de unidades rusas en pruebas.
La situación plantea una paradoja económica: mientras Rusia industrializa una producción estimada en 3.000 unidades mensuales de estos drones, Ucrania enfrenta el desafío de mantener un coste de derribo bajo mediante interceptores baratos, aunque la necesidad de contrarrestar la velocidad de los nuevos modelos está elevando la complejidad y el coste de sus propias soluciones. La guerra de drones ha evolucionado de un conflicto de misiles a una carrera tecnológica donde la velocidad y la conectividad convergen en plataformas que se asemejan a misiles de crucero.
