Uber se convirtió este jueves en la primera empresa en lanzar robotaxis en el Reino Unido, con una flota inicial de 15 vehículos autónomos que operarán en Londres, aunque con un conductor de seguridad a bordo listo para tomar el control en caso de cualquier imprevisto. Se trata de un paso histórico para la movilidad autónoma en Europa, aunque todavía distante del servicio completamente sin conductor que ya funciona en algunas ciudades de Estados Unidos.
La periodista Zoe Kleinman, de la BBC, fue la primera en viajar como cliente en uno de estos vehículos y describió una experiencia mayormente fluida por las calles del centro de Londres: el coche sorteó con éxito semáforos, obras y hasta la indicación de un ciclista que, en una mini rotonda, le hizo señas con el brazo para que avanzara. Sin embargo, en una calle estrecha, cuando las puertas traseras de una furgoneta parecieron abrirse de improviso, el coche frenó bruscamente, sonó una alarma interna y el conductor de seguridad tuvo que tomar el volante. La empresa Wayve, proveedora de la tecnología, aseguró que la intervención fue decisión del conductor y que el sistema de inteligencia artificial habría podido resolver la situación.
Los robotaxis funcionan con la tecnología de la firma británica Wayve, que utiliza inteligencia artificial para analizar en tiempo real lo que ocurre alrededor del vehículo mediante sensores instalados en una barra sobre el techo. A diferencia de otros enfoques, el sistema no se basa en mapas preprogramados, sino que decide sus acciones sobre la marcha. El director ejecutivo de Wayve, Alex Kendall, calificó el desarrollo de esta tecnología como "la carrera espacial de nuestra generación", aunque advirtió que aún quedan "problemas muy difíciles de resolver".
En sus primeros días de funcionamiento, la tarifa de un trayecto en robotaxi será la misma que la de un UberX, Uber Electric o Uber Comfort convencional. Los usuarios solo verán disponible la opción de viaje autónomo después de reservar, y únicamente si hay un vehículo cercano. Uber, que realizó una encuesta entre sus usuarios londinenses donde más de 100.000 personas dijeron que elegirían un taxi autónomo si estuviera disponible, aseguró que su intención es incorporar este servicio de forma gradual durante varios años. El responsable global de movilidad autónoma de Uber, Sarfraz Maredia, afirmó que los conductores humanos seguirán siendo parte esencial del servicio en Londres durante mucho tiempo.
El sector se prepara para una competencia intensa. Google, a través de Waymo, y el gigante tecnológico chino Baidu también preparan su desembarco en el Reino Unido. Waymo ya recorre las calles de Londres desde hace varios meses realizando tareas de mapeo, aunque sus coches, con conductor de seguridad, aún no están disponibles para el público. La compañía ha adelantado que no tiene intención de ofrecer viajes con un humano al volante cuando lance su servicio comercial.
El entusiasmo del sector contrasta con la cautela de los reguladores. A principios de año, el Gobierno y la propia industria habían apuntado a la posibilidad de contar con robotaxis completamente sin conductor en Londres para finales de 2026, un objetivo que ahora parece difícil de cumplir. El Departamento de Transporte (DfT) trabaja para que el marco regulatorio esté listo en 2027, aunque sin fecha concreta, y ha subrayado que cualquier despliegue requerirá pruebas de seguridad rigurosas, aprobación regulatoria y consentimiento local. Transport for London (TfL) defendió que están tomando el tiempo necesario para hacer las cosas bien: "Esto es algo nuevo que llega a Londres: necesitamos asegurarnos de que sea seguro", señaló Christina Calderator, directora de estrategia de transporte de la entidad.
Los sindicatos también han alzado la voz. David McMullen, organizador senior del sindicato GMB, advirtió que la expansión de los vehículos autónomos podría provocar "niveles sin precedentes de disrupción social y económica", y pidió a las autoridades un plan que proteja a los conductores profesionales. Mientras tanto, expertos académicos como el profesor Siddartha Khastgir, de la Universidad de Warwick, recordaron que aún quedan interrogantes abiertos, por ejemplo, cómo debe responder un vehículo autónomo ante una ambulancia o en entornos urbanos tan complejos como el de la capital británica.
En definitiva, el lanzamiento de los robotaxis de Uber marca el inicio formal de una nueva etapa en la movilidad urbana del Reino Unido, aunque su evolución dependerá del equilibrio entre la presión del sector por acelerar su despliegue y la prudencia de reguladores, sindicatos y ciudadanos ante una tecnología que aún debe demostrar su madurez en las congestionadas calles londinenses.
