Uber anunció el cierre inmediato de sus operaciones en Nigeria —el país más poblado de África— y en Uganda, tras una revisión exhaustiva de su negocio. La compañía, que comenzó a operar en Nigeria en 2014 y en Uganda dos años después, ha justificado la medida como una "decisión difícil" limitada a estos dos mercados y asegura que no afecta al resto del continente.
La decisión se produce en un contexto de presión creciente sobre la plataforma: los conductores nigerianos llevan tiempo denunciando que las tarifas son demasiado bajas frente al encarecimiento del combustible y que las comisiones resultan excesivas. A ello se suma la competencia de rivales como Bolt, inDrive y operadores locales. La salida coincide con el anuncio de su consejero delegado, Dara Khosrowshahi, sobre un recorte del 10% de la plantilla global.
Nigeria atraviesa además una crisis económica derivada de la eliminación del subsidio a la gasolina tras la elección del presidente Bola Tinubu en 2023, que disparó el coste de vida, y de la subida reciente del precio del petróleo por el conflicto entre Estados Unidos e Irán. Uber ha reducido su presencia africana en el último año —ya salió de Costa de Marfil y Tanzania— y mantiene operaciones en Egipto, Ghana, Kenia y Sudáfrica. En Uganda, medios como el Daily Monitor prevén que el hueco lo cubran aplicaciones como Faras, Bolt y SafeBoda. La empresa ha prometido apoyo a empleados y conductores afectados y mantendrá abierto su centro de atención en ambos países hasta el 23 de septiembre.
