Donald Trump publicó en su red social Truth Social una imagen generada por inteligencia artificial con la frase "The Moon is ours" ("La Luna es nuestra"), en la que reclama la Luna como territorio estadounidense. Hasta el momento no ha adoptado ninguna medida legal para formalizar esa apropiación, pero analistas interpretan la publicación como una declaración de intenciones.
El intento choca de frente con el Tratado del Espacio Ultraterrestre de 1967, firmado por 62 países —entre ellos Estados Unidos— y al que ya se han sumado 118 estados. Su artículo II establece que "el espacio ultraterrestre, incluida la Luna y otros cuerpos celestes, no podrá ser objeto de apropiación nacional por reivindicación de soberanía, uso u ocupación, ni de ninguna otra manera". El texto también prohíbe instalar armas de destrucción masiva en el espacio y usar cuerpos celestes como bases militares.
El tratado presenta, no obstante, vacíos legales relevantes. No aborda la propiedad de los recursos extraídos, cuestión que la Administración Trump ha intentado explotar mediante los Acuerdos Artemis, al afirmar que la minería espacial no equivale a apropiación nacional. Tampoco regula la construcción de instalaciones no científicas, como hoteles, un nicho que diversas compañías privadas ya exploran.
La falta de un mecanismo coercitivo internacional deja el cumplimiento del tratado en manos de la voluntad política de cada firmante, lo que convierte cada gesto de Trump hacia el espacio —desde reivindicar la Luna hasta sugerir que Marte será territorio estadounidense— en una señal a vigilar.
