El telescopio espacial Nancy Grace Roman de la NASA fue lanzado con éxito el domingo desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, a bordo de un cohete Falcon Heavy de SpaceX, en una misión que marca el inicio de una nueva era en la observación infrarroja del universo. Sin embargo, el lanzamiento quedó eclipsado por un episodio inusual: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, interrumpió la conferencia de prensa posterior al despegue llamando por teléfono al administrador de la NASA, Jared Isaacman, para congratular al equipo y atribuirse parte del mérito del éxito.
Según informó Ars Technica, a los pocos minutos de iniciada la rueda de prensa en el Centro Espacial Kennedy, Isaacman miró su teléfono móvil, se disculpó ante la jefa de ciencia de la NASA, Nicky Fox —que estaba hablando en ese momento— y se levantó de la mesa. Minutos después regresó y anunció al público: "El presidente de los Estados Unidos quiere dirigirse y felicitar a todos por esta misión". Acto seguido, Trump habló a través del teléfono de Isaacman ante periodistas y funcionarios de la NASA: "Solo quiero agradecer a todos y felicitarlos. Vaya, se veía hermoso en la televisión. Jared está haciendo un trabajo fantástico, ustedes están haciendo un trabajo fantástico, y yo les estoy suministrando todo ese dinero".
Este gesto resulta insólito en la historia de la NASA. Ars Technica subraya que los presidentes de Estados Unidos no suelen intervenir en conferencias técnicas de la agencia espacial; tradicionalmente se limitan a felicitar a astronautas cuando orbitan la Luna, no a llamar por teléfono a las ruedas de prensa posteriores a un lanzamiento. No obstante, esta irrupción forma parte de un acercamiento reciente de Trump a la NASA: el viernes pasado, el mandatario pasó varias horas en el Centro Espacial Johnson en Houston, donde entregó a la tripulación de Artemis II la Medalla de Honor Espacial del Congreso y anunció planes para crear una Academia Espacial de Estados Unidos.
El telescopio, bautizado en honor a Nancy Grace Roman, astrónoma estadounidense considerada la "madre del Hubble" por su papel clave en el desarrollo de ese telescopio, es un observatorio infrarrojo que complementará los datos del telescopio James Webb y de la misión Euclid de la Agencia Espacial Europea (ESA). Su objetivo es investigar los enigmas de la materia oscura y la energía oscura. Según la NASA, el aparato estableció contacto con la Red del Espacio Profundo unos 70 minutos después del lanzamiento y desplegó sus paneles solares una hora y 23 minutos tras el despegue. En los próximos días desplegará el resto de sus componentes y se dirigirá al punto de Lagrange L2, donde se calibrará durante aproximadamente tres meses. Las primeras imágenes científicas se esperan para principios de 2027.
La intervención de Trump resulta especialmente contradictoria given la historia reciente de la misión. Según Heise, hace apenas 16 meses —en abril de 2025— la Casa Blanca propuso al Congreso recortar a la mitad el presupuesto de investigación de la NASA, lo que habría imposibilitado la finalización y lanzamiento del telescopio Roman. El Parlamento estadounidense bloqueó esa propuesta. Además, Trump retiró inicialmente su nominación de Jared Isaacman como administrador de la NASA para luego volver a proponerlo meses después, en un giro que el medio alemán describe como un cambio de rumbo notable.
Mientras la fuente estadounidense (Ars Technica) presenta el hecho como un momento insólito que refleja el creciente interés de Trump por la NASA en un contexto de creciente importancia militar del espacio, la fuente alemana (Heise) enfatiza la contradicción política: un presidente que intentó cancelar la misión aparece ahora celebrándola efusivamente. Ambas coinciden en que el lanzamiento representa un hito para la astronomía: se trata del siguiente gran observatorio espacial de la NASA tras Hubble y Webb, con potencial para transformar la comprensión del cosmos.
Por ahora, el telescopio Roman inicia un viaje de varios meses hacia su órbita operativa, y la NASA confía en que los primeros resultados científicos lleguen a comienzos de 2027, siempre que las fases de despliegue y calibración transcurran según lo previsto. La escena del domingo quedará como una de las más extrañas en la historia de las relaciones entre la Casa Blanca y la agencia espacial estadounidense.
