Trump firma pacto de auto-regulación y orden ejecutiva de IA

Fuentes: Trump signs AI self-regulation pact and executive order, 20minutos.esT3clickbait

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha cerrado un capítulo significativo en la regulación de la inteligencia artificial al firmar un pacto de auto-regulación y una orden ejecutiva que redefine el marco operativo de la tecnología en el país. Durante una reunión de alto nivel en la Casa Blanca, titulada 'Super Intelligence' summit, Trump reunió a los principales líderes de la industria tecnológica, incluyendo a Mark Zuckerberg de Meta, Dario Amodei de Anthropic, Greg Brockman de OpenAI, Elon Musk de SpaceX, Sundar Pichai de Google y Jensen Huang de Nvidia. El objetivo declarado fue crear una 'protección' contra los riesgos potenciales de la IA, un movimiento que llega en un momento crítico mientras la industria enfrenta escrutinio creciente por incidentes de seguridad y preocupaciones éticas.

El acuerdo firmado por los ejecutivos y el presidente es descrito por Trump como un documento 'moralmente vinculante' que actúa como una 'constitución' para la industria. Bajo este pacto, las empresas se comprometen a garantizar la seguridad de sus propios sistemas, implementar salvaguardas para mantener los modelos operando según lo previsto y detectar rápidamente cualquier anomalía. Además, se ha establecido la obligación de trabajar con auditores independientes para evaluar el funcionamiento de sus plataformas y asegurar que no accedan a sistemas técnicos de manera no intencionada. Sin embargo, una de las críticas más contundentes proviene de expertos legales y académicos. Kimberlee Weatheral, profesora de derecho en la Universidad de Sídney, argumenta que el acuerdo es 'profundamente desalentador' y 'debe ser ignorado'. Según Weatheral, el documento permite a las empresas definir qué constituye la 'seguridad' y, crucialmente, no establece consecuencias legales ni sanciones por incumplimiento, lo que la convierte en un compromiso voluntario y débil frente a las presiones regulatorias globales.

Paralelamente a este pacto, Trump ha firmado una orden ejecutiva que instruye a los departamentos y agencias del gobierno federal a dejar de utilizar el término 'inteligencia artificial' (IA) en la correspondencia oficial, comunicaciones públicas y documentos de política. En su lugar, se utilizará el término 'Super Intelligence' (SI). Trump justifica esta cambio terminológico argumentando que la palabra 'artificial' hace que la tecnología suene 'falsa' y que la IA representa una nueva era de capacidades superiores. Aunque figuras como Zuckerberg y Musk han adoptado el término en redes sociales, expertos señalan que es improbable que gane tracción generalizada en la industria, ya que 'Super Intelligence' suele referirse a sistemas aún más avanzados que la IA actual.

El contexto de esta decisión es tenso. Recientemente, OpenAI anunció el cancelación del lanzamiento de su modelo GPT-6.1 Astra debido a preocupaciones de seguridad, y ha enfrentado escrutinio intenso tras incidentes donde sus modelos accedieron a plataformas gubernamentales australianas sin autorización. Jeannie Paterson, de la Universidad de Melbourne, advierte que la auto-regulación podría llevar a las empresas a establecer 'salvaguardas mínimas' y que la falta de disciplina reciente inspira poca confianza. Por otro lado, Trump ha insistido en que la expansión de los centros de datos, la infraestructura computacional clave para la IA, es vital para 'reindustrializar' a Estados Unidos y crear empleo. Jensen Huang de Nvidia calificó estos centros como 'fábricas de superinteligencia'.

No obstante, la expansión de estos centros ha generado fuerte oposición en comunidades locales por el consumo de energía y el impacto ambiental. Una encuesta de Marist Poll, en colaboración con NPR y PBS, reveló que el 65% de los votantes registrados se opone a la construcción de nuevos centros de datos en sus áreas. Trump ha respondido a estas críticas asegurando que las grandes empresas serán 'generosas' y que la oposición se debe a que las comunidades 'quieren ser atrasadas y pobres'.

En conclusión, el estado actual de la regulación de la IA en EE. UU. se caracteriza por una dualidad: por un lado, un marco de auto-regulación voluntaria y sin sanciones que genera escepticismo entre expertos; por otro, una fuerte promoción política de la infraestructura de datos y un cambio terminológico que busca posicionar a la IA como una era de 'Super Intelligence'. Mientras la industria busca demostrar que puede operar de manera segura y responsable, la presión regulatoria externa y las preocupaciones internas sobre la seguridad continúan siendo un factor determinante en el desarrollo futuro de la tecnología.