Trucos compartidos: cuando el espionaje se cruza con la magia

Fuentes: Now You Don't: When Espionage Meets Magic

A lo largo de la historia, espías y magos han saqueado mutuamente sus respectivos repertorios de engaños. La cooperación entre ambos mundos, sin embargo, rara vez se documenta con veracidad: tanto unos como otros son profesionales del disimulo y tienden a deformar los hechos. El caso más célebre es el del mago francés Jean-Eugène Robert-Houdin, llamado en 1856 por el coronel François-Edouard de Neveu, jefe de la oficina política en Argel, para actuar ante los líderes de las tribus árabes. La misión declarada consistía en desacreditar a los marabutos, líderes religiosos musulmanes a los que Robert-Houdin describió como simples tramposos capaces de explotar el fervor de una población que calificó de "primitiva". En el pequeño teatro de Argel, el mago ejecutó una serie de trucos cada vez más impresionantes: pañuelos, flores y café hirviendo brotando de objetos vacíos. El número central consistió en desafiar a un hombre musculoso a levantar una caja que, gracias a un electroimán oculto bajo el escenario, se volvió imposible de mover. El espectador, convencido de haber sido embrujado, huyó del teatro gritando "¡Alá! ¡Alá!". Robert-Houdin presentó el episodio como un golpe decisivo contra la influencia de los marabutos. Investigaciones posteriores indican que la anécdota fue embellecida: no consta que hubiera una revuelta inminente ni que la función alterase la política colonial francesa en Argelia. El artículo de Alan White examina esta y otras interacciones entre servicios de inteligencia e ilusionistas, y advierte de que los relatos autobiográficos de los magos, como el del propio Robert-Houdin —tomado como referencia por el escapista Ehrich Weiss, más conocido como Houdini—, deben leerse con la misma cautela que un informe de inteligencia.