Un estudio de la profesora de economía Emma Wiles, de la Universidad de Boston, advierte de los riesgos de denominar a los agentes de inteligencia artificial como si fueran empleados humanos. En su investigación, publicada en Harvard Business Review, los participantes que recibieron resultados atribuidos a un "empleado de IA" detectaron un 18 % menos de errores que cuando el mismo trabajo se presentó como proveniente de un chatbot convencional. Además, se sintieron menos responsables de los resultados y, con un 44 % más de probabilidad, reenviaron el trabajo a un superior en lugar de corregirlo ellos mismos.
Según la encuesta de Wiles, realizada a 1.261 directivos, casi un tercio de sus empresas ya trata a los agentes de IA como empleados y un 23 % incluso los incluye en el organigrama. Microsoft, OpenAI, Anthropic y Google han lanzado desde abril herramientas pensadas para coordinar equipos de agentes, muchas de ellas promocionadas como "colegas digitales". El director general de Nvidia, Jensen Huang, ya avanzó el pasado año un escenario de "humanos digitales" en el mundo laboral.
El economista del MIT y premio Nobel Daron Acemoğlu, que también ha estudiado el impacto económico de la IA, critica que se presente a estos sistemas como sustitutos de personas y reclama que se optimicen para ampliar las capacidades humanas. Un proyecto de Stanford con 1.500 trabajadores en 104 profesiones apunta en la misma dirección: los empleados suelen rechazar la automatización precisamente de las tareas que los expertos técnicos consideran más adecuadas para la IA, como la revisión de la solvencia de los clientes. Renombrar al bot como "Alex" es, según la autora, una operación de marca, no una mejora real de la herramienta.
