El crucero nuclear ruso Admiral Nakhimov, fuera de servicio desde 1997, ha completado una nueva ronda de pruebas en el mar y ha regresado a Severomorsk, principal base de la Flota del Norte, acercando su reincorporación oficial a la Armada rusa tras casi tres décadas de modernización. Incorporado a la flota soviética en 1988 como uno de los símbolos del poder naval de Moscú, el navío ha sido prácticamente reconstruido: se han sustituido sistemas de generación eléctrica, sensores, radares, comunicaciones, centros de mando y el sistema de combate, en un proyecto cuyo coste se estima en torno a los 5.000 millones de dólares.
Con cerca de 28.000 toneladas de desplazamiento, el Admiral Nakhimov triplica el tamaño de muchos destructores modernos y sigue siendo el mayor buque de guerra de superficie del planeta fuera de los portaaviones. Es además el único gran buque de combate de superficie con propulsión nuclear, lo que le permite mantener velocidades superiores a 30 nudos durante largos periodos sin limitaciones de combustible. Su nuevo armamento incluye lanzadores verticales compatibles con misiles de ataque terrestre, antibuque, antisubmarinos y los hipersónicos Zircon, además de capacidad para operar tres helicópteros antisubmarinos.
Las últimas pruebas se han desarrollado en el Ártico ruso, una zona estratégica para Moscú por su componente submarino nuclear y por el acceso al Atlántico desde puertos libres de hielo. Una vez analizados los resultados, los ingenieros fijarán la fecha definitiva de entrega, prevista por el astillero para finales de 2026.
