Este ensayo reflexiona sobre el creciente peso del código generado por modelos de lenguaje en los proyectos de software y las consecuencias que tiene sobre la comprensión humana de los sistemas. El autor parte de un artículo de Armin Ronacher ("The Tower Keeps Rising") que describe cómo los equipos que usan agentes de IA continúan acumulando capas de abstracción hasta que ningún humano puede entender el código generado, aunque los LLM sí puedan "explicarlo" para seguir construyendo.
A partir de ahí, el texto traza un giro discursivo reciente: hace un año, divulgadores como Simon Willison diferenciaban tajantemente entre "vibe coding" (programar confiando en lo que produce el modelo sin revisarlo) e "ingeniería agéntica" (revisar y entender el código antes de publicarlo). Willison incluso publicó una regla dorada: no se incorpora a producción código que uno no pueda explicar. Apenas doce meses después, el propio Willison reconoce en un nuevo artículo que ya no revisa línea por línea lo que escriben los agentes, porque asume que lo harán bien, y se pregunta si eso es responsable.
El autor introduce el concepto de "vibe bobsled" —una metáfora del bobsled— para describir cómo el programador se sienta como pasajero en un trineo que solo puede ir hacia abajo por una pista helada: cada etapa del proceso (autocompletado, generación, revisión parcial, fe en el agente) reduce la agencia del humano hasta una producción de código basada en la confianza. El ensayo cierra recordando el trabajo de Ka-Ping Yee sobre verificación de software de máquinas de voto, donde incluso expertos tardan en detectar errores植入ados, lo que sugiere que el problema de fondo —comprender software plausible— lleva décadas sin resolverse.
