La industria sexual en Tokio está experimentando una transformación significativa, marcada por el aumento de la prostitución callejera conocida como tachinbo, en el contexto de un fuerte incremento del turismo extranjero. Justin McCurry, reportero del The Guardian, ha documentado cómo la proliferación de trabajadoras sexuales en parques y zonas residenciales de distritos como Okubo y Shinjuku ha generado un debate legislativo en Japón. Aunque el país cuenta con leyes que abordan la prostitución, la normativa de referencia data de los años 50 y no refleja la realidad actual. El fenómeno se ha intensificado tras la pandemia, cuando el número de mujeres que ofrecen servicios en la calle pasó de tres o cuatro a varias decenas. La visibilidad de estas actividades en redes sociales ha atraído a turistas internacionales, especialmente de Corea, China y EE. UU., que buscan experiencias sexuales directas. Las tarifas oscilan entre 15.000 y 30.000 yenes por hora. Este cambio no solo afecta a la convivencia local, sino que también ha llevado a la policía a realizar más arrestos, como los 112 registrados el año pasado. La industria, que opera bajo la etiqueta de Fūzoku, busca nuevas zonas de actividad para adaptarse a la demanda internacional, redefiniendo el perfil de la 'ciudad que nunca duerme'.
