El artículo distingue dos propiedades que el Test Desiderata pide a las pruebas: aislamiento y composición. El aislamiento se cumple cuando cada test crea desde cero su propio fixture y se ejecuta sobre una instancia nueva del objeto bajo prueba, garantizando que el orden de ejecución no altera el resultado. La composición, en cambio, es una propiedad del conjunto: una batería de tests aislados debe ofrecer confianza predictiva incluso si ningún test individual es exhaustivo.
El autor lo ilustra con un ejemplo. Un test1 inicial verifica doSomething(); al añadir funcionalidad, se copia, pega y amplía como test2, que verifica doSomething() y luego nowSomethingElse(). Tras seis o siete duplicaciones, el test resulta ilegible. Como test2 no puede pasar si test1 falla, ambos comparten cobertura: se puede borrar test1, mantener ambos o simplificar test2 eliminando la parte redundante. La opción recomendada es la tercera: la composición preserva la capacidad predictiva y la especificidad —incluso puede mejorarla, porque test1 podría fallar y test2 pasar—.
El argumento se extiende con un caso combinatorio: cuatro formas de calcular interés y cinco de reportarlo generan 20 tests por fuerza bruta; con composición, separando las dimensiones ortogonales, bastan 4 + 5 + 1 = 10 tests con la misma confianza. El autor sostiene que, bien diseñadas, las pruebas compuestas son más rápidas, legibles, modificables, específicas y robustas frente a cambios estructurales, aunque cuestan más de escribir.
