Activistas en el Reino Unido, conocidos como 'Blade Runners', están dañando deliberadamente sensores de tráfico y luces de semáforo en varias ciudades, incluyendo Ilfracombe (Devon), Cambridge y Sleaford. Estos incidentes, documentados en redes sociales, han derivado en la detención de varios sospechosos acusados de vandalismo y peligro para la seguridad vial. Los conspiradores sostienen que estos dispositivos, instalados para gestionar el flujo vehicular, son en realidad armas de asalto electrónico o herramientas de vigilancia masiva que podrían causar enfermedades como el cáncer o la demencia. Esta hostilidad se enmarca en una narrativa más amplia de miedo a la vigilancia y la pérdida de libertad individual, vinculada a teorías como el 'gran reset'. Expertos en tecnología y psicología cognitiva señalan que estas creencias surgen de la desconfianza hacia la tecnología y la falta de control sobre los datos personales. Mientras que organizaciones como Living Streets defienden estos sensores por mejorar la seguridad peatonal, los activistas los ven como una amenaza existencial. Los incidentes recientes han generado una respuesta policial y comunitaria, con autoridades buscando a los responsables de los daños en miles de unidades de detección.
