Un investigador ha propuesto una teoría revolucionaria sobre el origen de la arquitectura griega: los templos, incluyendo el Partenón, podrían ser representaciones pétreas de barcos de guerra o mercantes volteados. La hipótesis, publicada en Frontiers of Architectural Research, sugiere que los antiguos griegos, al usar barcos como refugio, posteriormente los petrificaron en sus santuarios. La idea se basa en una conexión lingüística sorprendente: la palabra 'naus' (barco) y 'naos' (templo) comparten una raíz etimológica. Además, la teoría explica características arquitectónicas desconcertantes, como la altura de los frisos y la falta de líneas rectas en algunos templos, relacionándolas con elementos estructurales de un barco. El entablamento, con sus triglifos y metopas, podría representar ventanas de remeros, mientras que la curvatura del templo reflejaría la forma de la cubierta de un barco. La investigación también se apoya en ejemplos etnográficos de culturas que utilizaron barcos volteados como techumbre, desde la expedición de Shackleton en la Antártida hasta comunidades pesqueras en Europa y la cultura talayótica en Menorca, fortaleciendo la posibilidad de que esta práctica fuera común en la antigüedad.
