Telefónica ha cerrado los términos de la venta de su antigua sede en Madrid, el edificio de Gran Vía 28 —inaugurado en 1929 y con el máximo nivel de protección patrimonial—, al promotor cartagenero Tomás Olivo por unos 200 millones de euros. La operación podría formalizarse en agosto. El acuerdo incluye una cláusula que elevaría el precio entre 40 y 50 millones adicionales si el Ayuntamiento de Madrid autoriza un cambio de uso del inmueble, actualmente limitado a fines culturales o educativos. De lo contrario, Olivo asumirá el riesgo regulatorio con un activo de uso restringido.
La operación se enmarca en la estrategia de desinversión iniciada por el presidente Marc Murtra en enero de 2025, dirigida a desprenderse de activos no vinculados al negocio de telecomunicaciones. En los últimos meses, Telefónica ha vendido sus filiales en Argentina, Perú, México, Chile, Ecuador y Colombia, y prevé cerrar la salida de Venezuela antes de fin de año. Además, la compañía ha sacado al mercado más de 40.000 metros cuadrados de su sede central en Las Tablas, vacíos tras sucesivos expedientes de regulación de empleo. Su predecesor, José María Álvarez-Pallete, había evitado vender ambos edificios por su carga simbólica.
Olivo, segundo accionista de Unicaja y propietario de centros comerciales como La Cañada o Nevada Shopping, controla un patrimonio inmobiliario superior a los 3.000 millones de euros. El desenlace del negocio dependerá de una eventual recalificación urbanística que tendrá que resolver el consistorio madrileño.
