Un análisis reciente revela una paradoja económica: a pesar de los avances tecnológicos que aumentan la productividad a nivel global, el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) se ha desacelerado y la riqueza no se distribuye equitativamente. Desde la década de 1960, el crecimiento anual del PIB ha disminuido significativamente, y el ingreso familiar promedio se siente más presionado que enriquecido. El estudio señala que la eficiencia tecnológica no está expandiendo el consumo total, sino redistribuyendo cómo se consume y quién se beneficia. Una razón clave es que el gasto del consumidor, que representa alrededor del 68% del PIB estadounidense, ha alcanzado un punto de estancamiento. Además, la mayor parte de las ganancias de productividad se dirigen hacia el capital (empresas y accionistas) en lugar de a los trabajadores, con una disminución de 6 puntos porcentuales en la participación laboral del PIB desde 1980, lo que representa aproximadamente $1.7 billones anuales. Esta concentración de riqueza se ve agravada por la falta de competencia en mercados tecnológicos dominados por pocas empresas, el aumento de los costos de los servicios (como la atención médica y la educación) y la política monetaria que contrarresta la deflación, impidiendo que los beneficios de la productividad se traduzcan en precios más bajos para los consumidores.
