Tecnocracia y poder: ¿nuevo fascismo en EE.UU.?

Fuentes: America’s Oligarchic Techno‑Feudal Elite Are Attempting to Build a Twenty‑First‑Century Fascist State

Este artículo explora una preocupante tendencia en Estados Unidos: el desarrollo de una forma de fascismo del siglo XXI, impulsada por una élite tecnocrática oligárquica. Contrario a la imagen tradicional del fascismo con masas uniformadas, este nuevo modelo se basa en la captura política por parte de multimillonarios, la concentración de poder en redes transnacionales y el uso de la tecnología para el control social.

¿Cómo funciona? El proceso comenzó con el giro neoliberal de las décadas de 1970 y 1980, que desreguló la economía, debilitó a los sindicatos y privatizó bienes públicos, concentrando la riqueza en manos de unos pocos. Decisiones judiciales permitieron un aumento descontrolado del gasto político, esencialmente vendiendo influencia. Esto ha creado una oligarquía que dicta políticas públicas en beneficio de sus intereses, a menudo en contra de la voluntad popular. La globalización ha exacerbado esta situación, permitiendo a las empresas presionar a los gobiernos para obtener ventajas competitivas, amenazando con la fuga de capitales. Además, las plataformas tecnológicas (Big Tech) se han convertido en 'feudos digitales', extrayendo datos de los usuarios, manipulando la información y proporcionando la infraestructura de vigilancia para un estado policial global.

Aplicaciones y quiénes están involucrados: Esta tendencia afecta a todos los ciudadanos, pero especialmente a aquellos marginados: inmigrantes, minorías raciales, mujeres y personas LGBTQ+. Los actores clave incluyen multimillonarios, jefes de seguridad, políticos y las propias empresas tecnológicas. Se observa una creciente construcción de infraestructura de campos de concentración y un aumento de la policía paramilitar, destinados a controlar a la población considerada 'superávit' en un contexto de escasez de recursos y crisis ecológica.

Consideraciones: El artículo advierte que esta situación no es una conspiración, sino el resultado de cómo está estructurado el sistema actual. Aunque las elecciones y los tribunales aún existen, el poder real reside en manos de una élite no elegida. La 'excepcionalismo de la seguridad nacional' permite a esta élite actuar con impunidad. La crisis de la civilización industrial, con sus problemas de sobreexplotación, cambio climático y estancamiento económico, es un factor subyacente que impulsa esta deriva autoritaria. La alternativa sería una transición justa y democrática, pero la élite opta por endurecer las fronteras y construir un régimen de seguridad para proteger su poder.