Taiwán ha comenzado a cubrir varios de sus cañones antiaéreos Skyguard con cúpulas metálicas envueltas en redes de pesca para hacer frente a la amenaza de los drones FPV, una medida que refleja cómo la guerra moderna ha transformado incluso la defensa de las propias armas diseñadas para derribar aparatos voladores. Los sistemas antiaéreos, concebidos para enfrentar aviones, helicópteros o misiles, son ahora vulnerables a pequeños drones de pocos cientos de euros capaces de impactar directamente contra radares o cañones en trayectorias casi verticales.
Ante un posible conflicto con China, las Fuerzas Armadas taiwanesas prevén que Pekín emplearía drones no solo para atacar, sino también para localizar objetivos, retransmitir comunicaciones, realizar guerra electrónica y saturar las defensas hasta agotar la munición antes de la amenaza principal.
El Skyguard, un sistema suizo desarrollado durante la Guerra Fría y aún operativo, emplea cañones de 35 mm con munición programable AHEAD, eficaz contra drones, misiles de crucero y proyectiles pequeños. Una red o jaula puede provocar que el dron detone antes de alcanzar mecanismos clave, preservando el arma. La táctica, ya documentada en Ucrania, se complementa con la dispersión de aviones en aeródromos secundarios y el camuflaje de blindados como maquinaria civil.
