Tailandia ha reducido de 60 a 30 días la estancia máxima sin visado para los ciudadanos de más de 90 países, una medida anunciada en mayo por el Gobierno para hacer frente al creciente malestar social que generan los comportamientos incívicos de algunos visitantes. La decisión, cuya fecha de entrada en vigor no se ha precisado, llega tras la difusión en redes sociales de numerosos vídeos de turistas que se niegan a pagar en restaurantes, peleas callejeras o extranjeros deportados por mantener relaciones sexuales en tuctuc.
El Ejecutivo justifica el cambio también por motivos de seguridad nacional. La portavoz Rachada Dhnadirek advirtió de que la política anterior generaba "un vacío legal" aprovechado por redes de estafa y organizaciones dedicadas a la trata de personas, un problema creciente en el sudeste asiático. El sector turístico aporta hasta el 20% del PIB tailandés, por lo que el Gobierno busca un equilibrio entre orden público y la dependencia económica del turismo.
En las principales zonas turísticas de Bangkok, las reacciones son dispares. Mientras que residentes como la creadora de contenido Minnie aplauden la medida para preservar la cultura y el carácter del país, algunos visitantes como el húngaro Rudolf Guzsaly dudan de su eficacia: "si quieren causar problemas, los causan en dos semanas".
