Una tableta de arcilla hallada en Kanesh, en la actual Turquía central, documenta la constitución de una sociedad comercial de doce socios que aportaron 33 libras de oro, con reparto de beneficios y penalización por retiro anticipado: un instrumento reconocible para cualquier abogado de capital privado moderno. El documento data de hace casi 4.000 años, 3.700 años antes de que Adam Smith escribiera una sola frase sobre economía. Los mercaderes de Assur, en el actual Irak, recorrían unos mil kilómetros a lomo de asno hasta Kanesh transportando estaño y tejidos, en viajes de dos a tres meses sin caminos, para obtener plata y oro a cambio.
Arqueólogos han recuperado más de 20.000 tablillas en Kanesh, en su mayoría documentos mercantiles: recibos, contratos de préstamo, pedidos de envío, correspondencia y litigios. Una mujer llamada Ahatum prestó plata a cuatro hombres durante nueve años, llevando sus propios registros. Los mercaderes compraban préstamos de otros y los usaban como garantía, una práctica equivalente a la titulización actual. Incluso hubo un contrabandista de estaño sorprendido ocultando mercancía en su ropa interior para eludir un impuesto del 10%.
En 2019, cuatro economistas de Harvard, Sciences Po, Chicago y Virginia aplicaron a estos registros un modelo de gravedad, la herramienta estándar para predecir flujos comerciales. Los datos del Bronce encajaron con los de economías modernas: el comercio caía con la distancia y respondía al tamaño del mercado al mismo ritmo actual. El estudio se publicó en The Quarterly Journal of Economics, y concluye que la estructura básica del comportamiento comercial humano no ha cambiado en cuatro milenios.
