El desarrollador Firesphere responde al artículo de Joan Westenberg sobre los asistentes de notas con IA que inundan reuniones y encuentros informales. Defiende, sin tapujos, que cualquier persona tiene derecho a negarse a que una aplicación transcriba y grabe una conversación, y critica la presión social que lleva a aceptar el dispositivo por no parecer incómodo. Relata cómo su fisioterapeuta le preguntó si le importaba que registrara su estado clínico con un transcriptor automático, y cómo respondió que sí le importaba: la profesional tomó notas a mano en el Bloc de notas de Windows. A partir de ahí, el autor compara la situación con la imagen de llevar a un tercero a la mesa para que apunte cada frase, y se pregunta por qué debería verse como algo distinto cuando intervienen AWS, Microsoft, Google, OpenAI o Anthropic. Propone alternativas mínimas: apagar el ordenador, escribir en una servilleta o, simplemente, conversar sin convertir todo en una lista de tareas. Concluye que no todo debe documentarse y que la pregunta no es si a alguien le importa, sino para qué se necesita el dispositivo en una charla informal. Se trata de una entrada de blog enmarcada en la iniciativa ReplyJuly, centrada en la privacidad, la higiene tecnológica y los límites de la IA en el trato cotidiano.
Sí, me importa que grabes cada palabra con tu IA en una reunión
Fuentes:
Yes, actually, I do fucking mind
